La más cara, por Alex Casas




– El momento clave es cuando hacen desaparecer su alianza  y se acercan a ... Un momento. Me estoy adelantando. Mejor será empezar por el principio. Más o menos así es como sucederá.

»El lugar de contacto será el bar de un hotel. Es un lugar perfecto. Un cruce constante de desconocidos. Entraré en el local, vestida para la ocasión, lo atravesaré camino de la barra lentamente para dejarme ver y para tener tiempo de escudriñar los rostros presentes hasta encontrar al hombre.

»Una vez localizado me coloco a una distancia prudente. Lo suficientemente cerca como para que no pueda evitar contemplarme, porque lo hará, y lo suficientemente lejos como para que no sienta que mi aproximación es demasiado directa. No hay que ofrecerse tan fácilmente, hay que dejar que piense que él es el que está cazando.

»Como decía, cuando hacen desaparecer sutilmente su alianza, antes de abordarte,  empieza la cuenta atrás. Es la señal inequívoca que en menos de una hora estaremos follando en una habitación de arriba.

Aceptaré su: póngale otra copa a la señorita, invito yo y dejaré que se siente a mi lado. Él beberá más que yo. No puedo dejar que el alcohol me incapacite. No he venido a emborracharme. Me reiré de sus chorradas. Le sonreiré embelesada como si estuviera fascinada con su compañía. Y cuando pose su mano en mi muslo en el primer tanteo serio de la situación, se llevará la gran sorpresa cuando mi mano intercepte la suya, y en vez de obligar a retirarla, la acompañe hasta que sus dedos contacten con la tela húmeda de mis bragas. Es en ese momento cuando me acercaré y le diré al oído con un gemido contenido que me suba a su habitación. Pagará la cuenta rápidamente, excitado y nervioso a la vez. Lo hará en efectivo. No querrá dejar rastros. Nadie quiere.

»En el ascensor nos besaremos. Le acariciaré la entrepierna por encima de la tela del pantalón mientras digo algo como: vas a follarme como si fuera tu último polvo. O algo por el estilo. Con ese tipo de frases se les desconecta algo de su cerebro y dejan literalmente de pensar. A partir de allí controlo la situación por completo. Es todo mío.

»Al entrar en la habitación ya tengo el condón en la mano. Lo echo de un empujón a la cama y le arranco los zapatos y los pantalones. Me pongo el condón entre los labios y se lo coloco en el pene en cuanto me lo introduzco en la boca. Me deshago fácilmente de mi vestido. Acto seguido salto encima suyo y empiezo a poseerlo al ritmo de mi deseo. Algunos tratan de darme la vuelta y ponerse ellos encima, pero la fuerza de mis piernas, que los retienen contra la cama, se lo impide. Mis piernas son muy fuertes.

»Acabará antes que yo, mi intensidad siempre les vence. Al separarse de mí, antes que se deje abandonar por el agotamiento, me llevaré la mano al coño y le diré entre suaves jadeos: ¿Porqué no me lo terminas con la lengua? Nada me gustaría más. Y antes que acabe la frase ya me estará lamiendo. Mis gritos le animarán a seguir sin desfallecer. Le agarraré el pelo con fuerza y le rodearé el cuello con mis muslos. »Empujaré su cabeza contra mi sexo cada vez con más fuerza y cuando empiece mi orgasmo mis piernas le partirán el cuello con un rápido y preciso movimiento. Antes que termine mi clímax ya estará muerto. Una vez me recupere cargaré con el cuerpo hasta el baño. Le quitaré el preservativo. Dejaré el cadáver dentro de la bañera. Lo lavaré a conciencia. Eliminaré cualquier rastro de mi genética. Y lo dejaré así, bajo el chorro de agua, como si se hubiera resbalado y partido el cuello en la caída. Esperemos que los forenses no vayan más allá. Recogeré mis cosas y saldré de la habitación.

»A la mañana siguiente la llamarán las autoridades explicándole que su marido ha sufrido un fatal accidente. Le recomiendo que llore y se ponga algo histérica. A partir de ese momento estará sola. Deberá comportarse como una viuda afligida.

»En cuanto al precio se que es un poco caro.  Si le metiera un tiro en cualquier lugar, simulando un atraco fallido, le costaría la mitad. Pero mis clientas siempre prefieren la opción más elaborada.  Yo creo que es porque tiene algo de venganza poética que los mate practicando lo que les ha acabado condenando. En fin, más o menos la cosa va así. ¿Que opción prefiere?

–Pagaré la más cara.

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MENTORÍA PARA ESCRITORES © 2019

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